El debate sobre si el postinor debiera o no ser facilitado a menores sólo puede ser elevado si empezamos a discutir abiertamente sobre si este tipo de decisión es una decisión sobre: a) Salud Pública; o b) Moral Sexual. Sobre eso hay que hablar abiertamente ???y no hacer contrabando moral. Y un Estado que valora la pluralidad; que no le aterra sino que agradece el surgimientos de nuevas identidades (y sus nuevas formas de vivir la sexualidad); un Estado así -repito- no puede manifestarse ni a favor ni en contra de cierta doctrina de moral sexual. En esa materia es preferible que el Estado no tenga opinión.
Es cierto, la decisión que el Estado tome ???ya sea de facilitar o no a los menores el postinor- produce consecuencias tanto sobre moral sexual (a) como de salud pública (b). Así por ejemplo, no darla incrementa los embarazos prematuros no-deseados (salud pública). Pero sí darla legitima la sexualidad casi-infantil (moralidad sexual).
En fin, siendo honestamente liberales -como yo- la pregunta que resuelve el debate es la siguiente: ¿Las decisiones Estatales deben ser tomadas en base a consideraciones de Salud Pública o en base a consideraciones de Moral Sexual? ¿Debe el Estado tomar medidas que impongan cierta moral sexual a costa de Salubridad Pública? En definitiva ¿Debe el Estado manifestarse a favor o en contra de algún tipo de moral sexual? ¿O el Estado debe, en cambio, mantenerse neutral sobre ese punto?.
Para un liberal como yo, la respuesta es clara: NO. El Estado no debe asumir una postura de moral sexual, debe mantenerse neutro. No debe manifestarse ni a favor ni en contra del sexo pre-matrimonial; ni a favor ni en contra de la monogamia o la infidelidad. Son todas materias en que es preferible que el Estado simplemente no tenga opinión alguna. Si acaso existen orificios sagrados que es preferible no profanar; si acaso cubrir el pene con condones es vivir mal la sexualidad; si acaso los niños no deban realizas las travesuras reservadas para ???gente-grande???; si acaso sentir placer con golpes es la perversión de una sexualidad bien vivida; si acaso el sexo con amor sea preferible al sexo sin amor; etc, son todas cuestiones que al Estado (esto es, aquel que debe tomar en definitiva la decisión sobre el postinor) son cuestiones que al Estado ???repito- no le incumben. La moral sexual no le incumbe, le debe ser irrelevante.
Si la moral sexual debe ser irrelevante para el Estado es porque, desde el punto de vista del liberalismo, vale más la pluralidad. Es dar la posibilidad del despliegue de infinitos estilos de vida. Para un liberal lo peor que podría suceder es un Estado que intentara aplastar la pluralidad, intentando estandarizar nuestras vidas a la luz de ciertas doctrinas de moral sexual. No, por ningún motivo. La sexualidad es parte de nuestra identidad y valorar un panorama pluralista de identidades es valorar también un panorama pluralista de sexualidades.
Permitir desde ya la posibilidad del surgimiento de nuevas formas de vivir la sexualidad es algo que a un liberal como yo no lo aterra, sino que le da un diagnóstico positivo, lo llena de alegría. Nos alegra porque implica el máximo valor nuestro: la autonomía: Definir mi propio proyecto de vida sin que nadie me imponga un proyecto de vida ajeno, esto es, valorar esa autonomía nos exige respetar la pluralidad, tolerar las identidades diferentes (y sus sexualidades) por estúpidas, aberrantes, inmorales o depravadas que nos parezcan.
Espero se note el matiz, yo no digo ???sí o no al postinor???: Digo, en cambio, que: cuando debatamos sobre si ???sí o no al postinor??? sólo debemos tener en consideración razones de Salud Publica y excluir las razones de Moral Sexual. Si resulta, en definitiva, que la Salud Pública exige decir ???no??? al postinor, entonces yo estaré de acuerdo en decir ???no??? también. Lo que no debe aceptar en el debate público es decir ???sí o no a la píldora??? EN BASE A argumentos de moral sexual. En otras palabras, la decisión del Estado sobre el postinor debe ser totalmente insensible a los argumentos de moralidad sexual que digan que sí, como tampoco ser sensible a los argumentos que digan que no.
Es cierto, la decisión que el Estado tome ???ya sea de facilitar o no a los menores el postinor- produce consecuencias tanto sobre moral sexual (a) como de salud pública (b). Así por ejemplo, no darla incrementa los embarazos prematuros no-deseados (salud pública). Pero sí darla legitima la sexualidad casi-infantil (moralidad sexual).
En fin, siendo honestamente liberales -como yo- la pregunta que resuelve el debate es la siguiente: ¿Las decisiones Estatales deben ser tomadas en base a consideraciones de Salud Pública o en base a consideraciones de Moral Sexual? ¿Debe el Estado tomar medidas que impongan cierta moral sexual a costa de Salubridad Pública? En definitiva ¿Debe el Estado manifestarse a favor o en contra de algún tipo de moral sexual? ¿O el Estado debe, en cambio, mantenerse neutral sobre ese punto?.
Para un liberal como yo, la respuesta es clara: NO. El Estado no debe asumir una postura de moral sexual, debe mantenerse neutro. No debe manifestarse ni a favor ni en contra del sexo pre-matrimonial; ni a favor ni en contra de la monogamia o la infidelidad. Son todas materias en que es preferible que el Estado simplemente no tenga opinión alguna. Si acaso existen orificios sagrados que es preferible no profanar; si acaso cubrir el pene con condones es vivir mal la sexualidad; si acaso los niños no deban realizas las travesuras reservadas para ???gente-grande???; si acaso sentir placer con golpes es la perversión de una sexualidad bien vivida; si acaso el sexo con amor sea preferible al sexo sin amor; etc, son todas cuestiones que al Estado (esto es, aquel que debe tomar en definitiva la decisión sobre el postinor) son cuestiones que al Estado ???repito- no le incumben. La moral sexual no le incumbe, le debe ser irrelevante.
Si la moral sexual debe ser irrelevante para el Estado es porque, desde el punto de vista del liberalismo, vale más la pluralidad. Es dar la posibilidad del despliegue de infinitos estilos de vida. Para un liberal lo peor que podría suceder es un Estado que intentara aplastar la pluralidad, intentando estandarizar nuestras vidas a la luz de ciertas doctrinas de moral sexual. No, por ningún motivo. La sexualidad es parte de nuestra identidad y valorar un panorama pluralista de identidades es valorar también un panorama pluralista de sexualidades.
Permitir desde ya la posibilidad del surgimiento de nuevas formas de vivir la sexualidad es algo que a un liberal como yo no lo aterra, sino que le da un diagnóstico positivo, lo llena de alegría. Nos alegra porque implica el máximo valor nuestro: la autonomía: Definir mi propio proyecto de vida sin que nadie me imponga un proyecto de vida ajeno, esto es, valorar esa autonomía nos exige respetar la pluralidad, tolerar las identidades diferentes (y sus sexualidades) por estúpidas, aberrantes, inmorales o depravadas que nos parezcan.
Espero se note el matiz, yo no digo ???sí o no al postinor???: Digo, en cambio, que: cuando debatamos sobre si ???sí o no al postinor??? sólo debemos tener en consideración razones de Salud Publica y excluir las razones de Moral Sexual. Si resulta, en definitiva, que la Salud Pública exige decir ???no??? al postinor, entonces yo estaré de acuerdo en decir ???no??? también. Lo que no debe aceptar en el debate público es decir ???sí o no a la píldora??? EN BASE A argumentos de moral sexual. En otras palabras, la decisión del Estado sobre el postinor debe ser totalmente insensible a los argumentos de moralidad sexual que digan que sí, como tampoco ser sensible a los argumentos que digan que no.